lunes, 21 de noviembre de 2011

Diario de Emma Bovary


 
Querido diario,

            ¡Por tanto tiempo he imaginado y soñado con un amor vivo y ardiente como las llamas de la chimenea que arden en la sala! ¡Por tanto tiempo espere y espere por aquel hombre que me sacase de esa vida mediocre, sin significancia y que me de la pasión, la dulzura, la alegría, las aventuras y las prohibiciones, que hacen del amor un sentimiento irresistible, divino e inolvidable! Me siento triunfada por encontrar al hombre que me ame como el colibrí, que sin la flor no tiene mucho significado de vida. Además, finalmente puedo gritar para que todos oigan que se empezó una nueva etapa en mi vida. Dejé la granja en Les Bertaux para mudarme a Tostes con mi reciente esposo Carlos Bovary.

No es nada fácil asomarse a un amor donde la felicidad y las expectativas resultantes nunca llegan, no importa cuando te esfuerces. Me lo hubiera imaginado una historia de amor completamente diferente a la realidad. Me sentía amargada por no haber encontrado al romance que tanto descifraba en cada línea de las páginas de las novelas pre-románticas que leía desde jovencita en el convento. Me estremecía al levantar el papel de seda de los grabados, que se levantaban medio doblados y volvían a caer suavemente sobre la página. Tales me aportaban fantasías y sueños que no son capaces de ajustarse a la realidad. ¡Debía haberme equivocado!, ¿Qué me hizo pensar que estaba realmente apasionada? Me imaginaba el amor una sensación mágica; en que no importara donde ni cuando estes, pero si estas con la persona que amas, nadie lo puede arruinar. Aunque intente aproximarme de él, forzando un gesto tierno o un sonriso sutil, más se produce un despegue interior que me separa de él. Carlos me llama “mi mujer", me tutea, me busca por todas las partes cuando no estoy a su lado. No entiendo sus intenciones, no siento ese amor fugaz que él posee por mí. No le puedo contribuir con mi amor lejano. Antes le podía responder con una sonrisa ligeramente forzada o un abraco tieso, pero ahora puedo soportar más su genio. No había nada de exorbitante en su carácter o si mismo en su apariencia. Su monotonía empezaba a estresarme y me aterrizaban sus expansiones  regulares. Su tranquilidad empezaba a dejarme  tan aburrida que no aguantaba más quedarme cerca de él. Me estresaba como él se contenta con poca cosa; un hombre debería ser ambicioso, conocerlo todo y destacarse en actividades múltiples, ¡pero éste no me enseñaba nada, no sabía nada, no deseaba nada! Y acababa tornándose una desilusión en mi vida. Carlos empezaba con una caricia, besos en las mejillas o bien besitos a lo largo de mi brazo desnudo, contemplaba mi sombrero, lo que yo vestía o como arreglaba mi peine; pero ahora él no puede aguantarse sin tocar me, no me deja sola. Está tan obsesionado conmigo que no me deja ir, al igual que un bebé no te dejará ir a su manta. No puedo más soportar su torpeza y su sofisticación.

             ¡Ah, Me acuerdo de la granja en Les Bertaux, los momentos en que yo era tan feliz, tan inocente, y no tenía que vivir todos los días de mi vida fingiendo una sonrisa o mi felicidad! Todo era tan simple y divino. ¡Me contentaba el suficiente con los cuentos y sueños novelescos de los cuales tendían una carta de amor entre abierta sobre un sofá, un joven de capa corta estrechando entre sus brazos a una doncella vestida de blanco, señoritas que contemplaban la luna llena por la ventana exhibiendo una lagrima en la mejilla, combates entre caballeros que luchaban por el amor de una joven, venenos, espadas, coronas, besos, etc.! ¿Por qué no puede ser así en Tostes, con Carlos? ¿Qué hice para no merecer el cariño que por tanto tiempo deseé? A veces me imaginaba casarme a la medianoche, a la luz de las antorchas, bajo la luna llena; no obstante mi matrimonio no logro ser como lo deseaba. Por fin llegó nuestra luna de miel. ¡Ah, espere largos años de mi vida para finalmente sentir el sabor de su dulzura y sus experiencias! A veces pensaba que, a pesar de todo, aquellos podrían ser los más bellos días de mi vida. Me gustaría sin duda irme a esos países de nombre sonoros, respirar a la orilla de los golfos el perfume de los limoneros cuando se pone el sol, y después por la noche, mirar a las estrellas que piscan en el cielo oscuro, con los dedos entrecruzados haciendo proyectos. Quisiera yo poder contar a la gente mis historias de amor, sobre el cual conocí a mi príncipe encantado, mi pasión eterna. Más, ¿Cómo explicarles un vago malestar o una historia de amor que no se resultó de la forma en el cual esperaba? Me faltaban las palabras, la ocasión, el valor que no podía encontrar en Carlos. Algunas veces me pregunto se tal vez haya sido un error casarme con Carlos, si no le puedo ofrecer el mismo cariño y complacencia, o contribuirle mi amor.

Mi vida estaba llena de expectativas. Cada vez que los rayos de sol se extendían sobre las montañas oscuras del horizonte, yo iba creando más alucinaciones en mi cabeza, mientras más pasaba las páginas de los libros. Resulta que tales fantasías nunca emparejaban la solemne realidad en la cual vivo yo. Siento que me desperté de un bello sueño y la pesadilla ahora toma toda la forma de la historia. Mi vida acabo tornándose melancólica, nostálgica y patética. No entiendo que significa en la vida las palabras felicidad, pasión y embriaguez que me habían parecido tan hermosas en los libros. Mi vida era fría como un desván cuya ventana da al norte, y la desilusión, me atormenta y me hiere como si mi cuerpo tuviese sido torturado con miles de pinchazos sobre todas las extensiones.

Con esperanzas de encontrar la felicidad,

Emma Bovary

1 comentario:

  1. Hola Flavia, me encanta tu diario de Emma, me parece que realmente comprendes la esencia del personaje en la novela. Me gustaría que agregaras más recursos literarios para darle tono y emoción (hipérboles, metáforas, símiles, exclamaciones e interrogaciones) esto con la intención de cargar de fuerza las emociones del personaje, Recuerda que el héroe trágico debe ser de emociones desgarradas. De resto hiciste un hermoso trabajo.

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