Desde hace mucho tiempo yo vivo lejos de ambas ramas de mi familia. Por un lado, estoy acostumbrada a vivir apartada de las ocasiones familiares, donde todos los miembros se encuentran para celebrar cumpleaños o ciertos feriados. Sucede que no es siempre que estamos cerca de la familia y es siempre una nueva sorpresa cuando nos vemos. Hay una prima mía del ramo materno, ya adulta y formada, que es bastante allegada a mi madre. Pasan horas en el teléfono en llamadas internacionales y cuando se ven en persona, lo siguen haciendo todo juntas. Me digo a mi misma que no tengo que preocuparme, es un sentimiento ingenuo y no me conviene. Sin embargo, acabó confesando que siento un poco de celos, celos de esa relación cercana que ellas tienen.
En realidad, yo soy una persona muy conservadora con respecto a lo que tengo, y no siempre estoy apta para compartirlo con otras personas. Suelo pensar en el hecho de que esta característica sea inculta y me atormenta saber que a veces soy así. Mi madre, de vez en cuando, les decía a mis tías, tíos y abuelos que deberían ir en un viaje para donde estuviésemos viviendo para que pudieran pasar algún tiempo con nosotros, y al mismo tiempo, conocer a un nuevo país. Cuando hacían los planes en la mesa cuando cenábamos todos, yo no lograba esconder mi entusiasmo. Por lo tanto, pasaron años y un tiempo después me mudé a Venezuela. Por fin, mi prima - la cual es adorada por mi madre - decidió que quería venir a Caracas durante el verano. ¡Qué gran noticia! Mis padres y yo no podríamos estar más encantados. Me puse a planear lo que podíamos hacer aquí; las películas que podíamos ver, las comidas venezolanas que ella tenía que probar, los centros comerciales y los centros culturales que debíamos visitar, etc.
Para la llegada de mi prima, no podía quedarme tranquila. Fue una fiesta cuando finalmente apareció entre las puertas de cristal del aeropuerto. Sin embargo, un día escuché una conversa de mis padres y descubrí que ellos le tenían proporcionado todo a ella, empecé a quejarme. ¿Para qué todo eso? No podría conformarme con la intención de mis padres de pagarle todo. Este es un ejemplo de puro egoísmo y me decepciona saber que aunque no sea mi intención, mis reacciones hacia la circunstancia acaban siendo bastantes groseras e incorrectas. Cuando fuimos a Aruba, no siempre aceptaba la voluntad de ella de comer tal comida o de hacer tal cosa, y me impacientaba expeditamente.
Sin embargo, sé que me estaba comportando de forma pasiva durante ciertas partes del viaje, pero en lugar, yo debí haber disfrutado con profusión el tiempo que tenía con ella, sin importar los celos sentidos por la forma como mi madre la consentía. Proponía actividades de acuerdo al que me daba la gana, como lo quisiera y así mismo proponía visitas a lugares distintos de acuerdo a mi gusto. Ocurre que hay ciertas lecciones que aprendemos con nuestros errores, y uno de los cuales aprendí este verano es que es inaceptable culpar las personas por su egoísmo. La autocomplacencia no es una característica ingenua, esta de tal forma trae serias consecuencias al futuro de una relación entre dos o más personas. 
