viernes, 31 de agosto de 2012

La desintegración en el núcleo familiar


En La Ciudad y los perros de Mario Vargas Llosa, diversos temas universales son introducidos y discutidos a lo largo de la obra. La violencia y la desintegración familiar es uno de estos temas que está relativamente presente en la novela y que es vigente en la sociedad de hoy.
Llosa presenta en la novela múltiples descripciones de la sociedad y del ambiente que rodean a los personajes.  Consiguientemente, él expone de manera cruda la forma que se asoma la violencia al mundo de cada personaje de la obra por las manifestaciones de una sociedad hostil que no admite a los débiles. Sorprendentemente, la categoría familiar desprende una gran parte de las situaciones de violencia y abuso tanto físico cuanto psicológico en la novela. Vemos la situación de Ricardo Arana y su familia donde está clara la violencia intrafamiliar. Ricardo sufre mucho con el regreso de su padre. No solo tiene que adoptar esta nueva realidad sino que también tiene que tolerar a las constantes agresiones y humillaciones de su padre. Además, Llosa presenta una narración tan vivida que permite a los lectores profundizarse en el mundo interior de los personajes, así percibiendo el ahogo que siente Ricardo. Por otra parte, se puede notar con el nivel de degradación de la situación el cuanto se ha vuelto tan fuera de control, ya que Ricardo llega al punto de contentarse con el hecho de que pronto le mandarían al colegio militar y estaría fuera de su casa. Consecuentemente, Ricardo crea una relación longincua con sus padres, tratando de evitarlos al máximo.
No obstante, es importante mencionar la representación de la institución familiar en la sociedad de aquella época. La estructura familiar era consolidada y los integrantes mostraban respecto entre sí. El padre poseía una imagen autocrática; él era quien tenía el poder y el control sobre todas las cuestiones de la familia. Al contrario, las mujeres eran oprimidas y completamente dominadas por los hombres de la casa. Las mujeres no tenían derecho de enfrentar a los hombres, inclusive deberían asumir la responsabilidad por los problemas en la familia. A pesar de todo, esta era la realidad, la forma de vida exigida por la sociedad. Aun peor es que la mujer aceptaba tener esa imagen oculta y enmudecida y aprendía a soportar ese requerimiento. Un ejemplo de esta estructura familiar es cuando la misma madre de Ricardo termina reprochándole porque cree que el debería perdonarlo: “Tiene mal genio, pero en el fondo es bueno, decía la madre. Hay que saber llevarlo. Tú también tienes algo de culpa, no haces nada por conquistarlo. Está muy resentido contigo por lo de ayer. Eres muy chico, no puedes comprender.” (103-104) Aquí está reflejado la opresión de la mujer en la época; mismo después de ser severamente golpeada por su esposo y ver a su hijo también ser golpeado por él, Beatriz, la madre de Ricardo, es obligada a olvidarse del maltrato y apoyar a su marido. Como podemos observar, la violencia intrafamiliar no fue el único factor que llevó al resquebrajamiento de la familia de Ricardo; igualmente, la actitud de su madre hacia la situación tampoco alivió la tensión del angosto hilo que mantenía la familia unida.
Del mismo modo, este tema también puede ser aplicado a la sociedad de hoy. Afortunadamente, en algunos aspectos la sociedad ha cambiado positivamente; ya otros factores ni tanto. La desintegración familiar y la violencia aún están bastante presentes en las unidades familiares de hoy. Además, existen varios factores que llevan a una familia a desintegrarse, algunos de estos factores incluyen los divorcios, la infidelidad, las adicciones y los problemas económicos, que respectivamente se han convertido muy casuales en estos días. Sin embargo, hay otras razones dadas por la sociedad que influencian los valores personales de la populación, tal como la libertad que se nos da, la independencia, los derechos y la aptitud. Hoy en día el número de divorcios se enumeran y eso se debe a la casualidad que se convirtió el matrimonio y la facilidad de constatar un divorcio.

En mi opinión, percibo que el núcleo familiar se ha convertido en una unión más informal y permisible, pero sigo pensando que nuestra relación sea fría y algo irrespectuosa. En los años 70 existían papeles muy bien definidos para cada miembro de la familia. El padre tenía el poder absoluto y él que imponía respecto, ya la madre era sumisa y tenía la función de no dejar que la familia se desintegrara, y cabía a los hijos respectar e obedecer a las órdenes de los padres. Al contrario, hoy los papeles se han cambiado. Ambos padres ahora tiene el mismo derecho; la mayoría trabaja y pasan el día fuera de casa. Como resultado, los niños son cuidados por niñeras y son dados más libertad. Hoy la gran cuestión es la falta de límite y la falta de imponer respecto que genera una educación permisible para los hijos. Quiero decir, ¿no es algo sensacionalista mirarnos alrededor y escuchar historias de padres que mataron a sus hijos, las mujeres que planean el asesinato del marido, niños que son maltratados por sus propios padres, y así sucesivamente?