En La Ciudad y los perros de
Mario Vargas Llosa, diversos temas universales son introducidos y discutidos a
lo largo de la obra. La violencia y la desintegración familiar es uno de estos
temas que está relativamente presente en la novela y que es vigente en la
sociedad de hoy.
Llosa presenta en la novela múltiples
descripciones de la sociedad y del ambiente que rodean a los personajes. Consiguientemente, él expone de manera cruda la forma que
se asoma la violencia al mundo de cada personaje de la obra por las
manifestaciones de una sociedad hostil que no admite a los débiles. Sorprendentemente, la categoría familiar desprende una gran parte de las
situaciones de violencia y abuso tanto físico cuanto psicológico en la novela. Vemos
la situación de Ricardo Arana y su familia donde está clara la violencia
intrafamiliar. Ricardo sufre mucho con el regreso de su padre. No solo tiene
que adoptar esta nueva realidad sino que también tiene que tolerar a las
constantes agresiones y humillaciones de su padre. Además, Llosa presenta una narración
tan vivida que permite a los lectores profundizarse en el mundo interior de los
personajes, así percibiendo el ahogo que siente Ricardo. Por otra parte, se
puede notar con el nivel de degradación de la situación el cuanto se ha vuelto
tan fuera de control, ya que Ricardo llega al punto de contentarse con el hecho
de que pronto le mandarían al colegio militar y estaría fuera de su casa.
Consecuentemente, Ricardo crea una relación longincua con sus padres, tratando
de evitarlos al máximo.
No obstante, es importante mencionar la
representación de la institución familiar en la sociedad de aquella época. La estructura
familiar era consolidada y los integrantes mostraban respecto entre sí. El
padre poseía una imagen autocrática; él era quien tenía el poder y el control
sobre todas las cuestiones de la familia. Al contrario, las mujeres eran
oprimidas y completamente dominadas por los hombres de la casa. Las mujeres no
tenían derecho de enfrentar a los hombres, inclusive deberían asumir la
responsabilidad por los problemas en la familia. A pesar de todo, esta era la
realidad, la forma de vida exigida por la sociedad. Aun peor es que la mujer
aceptaba tener esa imagen oculta y enmudecida y aprendía a soportar ese
requerimiento. Un ejemplo de esta estructura familiar es cuando la misma madre
de Ricardo termina reprochándole porque cree que el debería perdonarlo: “Tiene mal genio, pero en el fondo es
bueno, decía la madre. Hay que saber llevarlo. Tú también tienes algo de culpa,
no haces nada por conquistarlo. Está muy resentido contigo por lo de ayer. Eres
muy chico, no puedes comprender.” (103-104) Aquí está reflejado la opresión de
la mujer en la época; mismo después de ser severamente golpeada por su esposo y
ver a su hijo también ser golpeado por él, Beatriz, la madre de Ricardo, es
obligada a olvidarse del maltrato y apoyar a su marido. Como podemos observar,
la violencia intrafamiliar no fue el único factor
que llevó al resquebrajamiento de la familia de Ricardo; igualmente, la actitud
de su madre hacia la situación tampoco alivió la tensión del angosto hilo que
mantenía la familia unida.
Del mismo modo, este tema también
puede ser aplicado a la sociedad de hoy. Afortunadamente, en algunos aspectos la
sociedad ha cambiado positivamente; ya otros factores ni tanto. La
desintegración familiar y la violencia aún están bastante presentes en las
unidades familiares de hoy. Además, existen varios factores que llevan a una
familia a desintegrarse, algunos de estos factores incluyen los divorcios, la
infidelidad, las adicciones y los problemas económicos, que respectivamente se
han convertido muy casuales en estos días. Sin embargo, hay otras razones dadas
por la sociedad que influencian los valores personales de la populación, tal
como la libertad que se nos da, la independencia, los derechos y la aptitud.
Hoy en día el número de divorcios se enumeran y eso se debe a la casualidad que
se convirtió el matrimonio y la facilidad de constatar un divorcio.
En mi opinión, percibo que el núcleo
familiar se ha convertido en una unión más informal y permisible, pero sigo pensando
que nuestra relación sea fría y algo irrespectuosa. En los años 70 existían
papeles muy bien definidos para cada miembro de la familia. El padre tenía el
poder absoluto y él que imponía respecto, ya la madre era sumisa y tenía la
función de no dejar que la familia se desintegrara, y cabía a los hijos
respectar e obedecer a las órdenes de los padres. Al contrario, hoy los papeles
se han cambiado. Ambos padres ahora tiene el mismo derecho; la mayoría trabaja
y pasan el día fuera de casa. Como resultado, los niños son cuidados por
niñeras y son dados más libertad. Hoy la gran cuestión es la falta de límite y
la falta de imponer respecto que genera una educación permisible para los hijos.
Quiero decir, ¿no es algo sensacionalista mirarnos alrededor y escuchar
historias de padres que mataron a sus hijos, las mujeres que planean el
asesinato del marido, niños que son maltratados por sus propios padres, y así
sucesivamente? 